La relación entre las transfusiones de sangre y el Alzheimer ha sido objeto de debate durante años, reviviendo cada vez que surgen titulares que sugieren que una enfermedad neurodegenerativa podría transmitirse a través de una bolsa de sangre. Sin embargo, la evidencia científica actual indica que no hay pruebas concretas que respalden tal afirmación. La respuesta breve a esta inquietud es que, hasta el momento, no se ha demostrado que el Alzheimer se transmita por transfusiones, mientras que la respuesta más detallada resalta una complejidad biológica que subyace a esta cuestión. Aunque se han identificado ciertas proteínas mal plegadas que podrían actuar como semillas amiloides, facilitando la acumulación de depósitos amiloides en contextos muy específicos, esto no implica que la enfermedad se transmita directamente a través de la sangre. El Alzheimer es el resultado de una interacción intrincada de factores biológicos, genéticos y ambientales que van más allá de la simple transferencia de proteínas.
Uno de los estudios más significativos que se ha realizado al respecto fue dirigido por Georg Edgren, quien analizó a más de 1.4 millones de personas que recibieron transfusiones en Suecia y Dinamarca entre 1968 y 2012. Publicado en «Annals of Internal Medicine» en 2016, este estudio presentó un diseño retrospectivo que buscaba evidenciar un posible vínculo entre la transfusión de sangre y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas. Los resultados fueron esclarecedores: el análisis no encontró ningún aumento en el riesgo de Alzheimer ni de demencias en general entre los receptores de sangre. Con un índice de riesgo (HR) de 0.99 para el Alzheimer y 1.04 para todas las demencias, los investigadores concluyeron que la sospecha de transmisión de estas afecciones a través de transfusiones carecía de fundamento.
Por otro lado, un estudio observacional realizado en Taiwán en 2019 sugiere una asociación estadística entre transfusiones de sangre y un mayor riesgo de demencia. Aunque los resultados indicaron un HR de 1.73 para demencia de cualquier causa y un HR de 1.37 específicamente para Alzheimer, la investigación adolece de limitaciones significativas. Al ser un estudio observacional basado en registros clínicos, no se establecieron pruebas neuropatológicas ni se comprobó la transmisión biológica directa mediante transfusión. Además, es importante considerar que las razones que llevaron a la transfusión, como enfermedades subyacentes, podrían ser un marcador de mala salud preexistente en lugar de una consecuencia directa de la transfusión misma, lo que complica la interpretación de los datos obtenidos.
Un estudio más reciente, publicado en JAMA en 2023, abordó el tema de las hemorragias cerebrales en receptores de sangre procedente de donantes que sufrieron hemorragias similares. Aunque se encontraron asociaciones aumentadas, especialmente con donantes que experimentaron múltiples episodios hemorrágicos, este análisis no confirmaba la transmisión de Alzheimer ni otras enfermedades neurodegenerativas. En cambio, este estudio sugirió que las hemorragias podrían estar relacionadas con condiciones subyacentes presentes en los donantes. Aquí, la confusión surge al vincular la presencia de beta-amiloide, una proteína asociada a enfermedades como el Alzheimer, con la mera transfusión de sangre, sin establecer una relación causal que demuestre riesgo de transmisión.
Finalmente, el pánico en torno a la posibilidad de transmisión del Alzheimer a través de transfusiones se origina en experiencias históricas, particularmente la administración de hormona de crecimiento humana extraída de hipófisis de cadáveres, la cual ha estado vinculada a casos de enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. Sin embargo, estas circunstancias son excepcionales y no reflejan las prácticas actuales de transfusión. La diferencia esencial radica en que recibir una transfusión de sangre está altamente regulado y controlado en la actualidad, lo que hace poco probable que los receptores enfrenten riesgos significativos asociados con el Alzheimer. Por lo tanto, no hay motivo para rechazar transfusiones que son médicamente necesarias, ya que la evidencia sugiere que el miedo a desarrollar Alzheimer por esta vía no está justificado.

