Diana, la tortuga boba que ha realizado una travesía de más de 6,000 kilómetros cruzando el Atlántico, se ha convertido en uno de los símbolos del Proyecto Alma del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC). Esta tortuga, originaria de Ceuta, se ha establecido temporalmente en una zona de manglares del Delta Amacuro en Venezuela tras haber desovado en las cálidas costas del Caribe. Los investigadores, liderados por José Carlos Báez, aseguran que este viaje de Diana no solo es un testimonio del largo alcance de estas tortugas, sino que también brinda valiosa información sobre sus patrones de reproducción y comportamiento en ambientes marinos.
La historia de Diana cobra una complejidad adicional, ya que fue rescatada junto a otras seis tortugas que quedaron atrapadas en las redes de pesca de una almadraba en Ceuta. Después de su recuperación y marcaje, estas tortugas fueron liberadas con la esperanza de recopilar datos sobre su comportamiento y hábitat. Según Báez, lo más sorprendente es la diversidad de tortugas que se encuentran en el mar de Alborán, provenientes de áreas tan distantes como el Mediterráneo, el Atlántico y el Caribe. Este fenómeno es fascinante, ya que pocas regiones del mundo permiten el encuentro de especies tan variadas.
Además de estudiar el comportamiento de Diana y sus compañeras, el Proyecto Alma también se enfoca en la viabilidad del mar de Alborán como sitio de desove para las tortugas bobas. Aunque se han registrado puestas esporádicas, la temperatura del agua es un desafío, ya que temperaturas más altas podrían afectar la proporción de sexos en las crías. Báez enfatiza que actualmente se están buscando nuevas zonas de desove debido al calentamiento de las arenas, lo que ha llevado a las tortugas a adaptarse y buscar alternativas en sus sitios de reproducción.
Mirando hacia el futuro, José Carlos Báez reflexiona sobre la posibilidad de que Diana regrese a sus zonas de alimentación, donde tendría la oportunidad de encontrarse con machos y potencialmente reproducirse. Sin embargo, mantiene una postura cautelosa sobre el futuro inmediato de la tortuga, señalando que la recuperación de Diana y la funcionalidad de los sensores que la siguen son inciertas. La emoción que genera su viaje hacia el Caribe y el deseo de que regrese a Ceuta revelan el aprecio por estas criaturas y la vitalidad de su ecosistema.
El estudio de la migración de Diana no solo ofrece una ventana a sus comportamientos y hábitats, sino que también subraya los efectos del cambio climático en la fauna marina. La migración de estos quelonios hacia las costas españolas es un reflejo de cómo las condiciones ambientales están obligando a las especies a adaptarse. Con iniciativas como el Proyecto Alma, se espera no solo entender mejor a la tortuga boba, sino también desarrollar estrategias de conservación efectivas para protegerla y asegurar su continuidad en un mundo que cambia rápidamente.

