La llegada de las primeras parejas de vencejos a la Torre de la Biodiversidad, situada en La Puebla del Río (Sevilla), representa un avance significativo en un proyecto que busca no solo la conservación de estas aves, sino también el control biológico de los mosquitos, incluidos aquellos portadores del virus del Nilo Occidental. Este ambicioso plan, diseñado por Ángeles Mora y Diego Alves, se originó en respuesta al evidente declive de los vencejos, quienes enfrentan la falta de lugares adecuados para anidar debido al crecimiento urbano. Mora explicó que la motivación primordial no era combatir el virus, sino restaurar un hábitat seguro para los vencejos, proponiendo así una solución integradora para preservar la biodiversidad.
La Torre de la Biodiversidad, que se eleva a 12 metros y cuenta con 150 nidos para aves insectívoras, así como una cámara diseñada para albergar hasta 300 murciélagos, está rodeada por un jardín de especies autóctonas que actúan como imán para polinizadores y refugio para insectos y reptiles beneficiosos. La interacción entre vencejos, murciélagos, gorriones y estorninos es un aspecto distintivo del proyecto, ya que estas especies desempeñan roles complementarios en el ecosistema. Los vencejos cazan durante el día, y al caer la noche, los murciélagos continúan el trabajo, constituyendo un ‘insecticida natural’ en funcionamiento ininterrumpido durante las temporadas cálidas.
Desde la instalación de la primera torre en Coria del Río, donde el proyecto contó con el apoyo municipal, se ha expandido a otros municipios como La Puebla del Río y a puntos en Ponferrada y Almería. La rápida ocupación de estos refugios ha sorprendido a sus promotores; en Coria del Río, murciélagos ocuparon las estructuras sólo dos meses después de su instalación, y en La Puebla del Río, en un hecho sin precedentes, una gran colonia de vencejos se asentó en la torre apenas dos días después de su puesta en marcha. Esto sugiere una urgente necesidad de espacios seguros para el anidamiento de las aves, lo que ha permitido un inicio prometedor del proyecto.
A pesar de las expectativas optimistas sobre la reducción de mosquitos, los promotores del proyecto advierten que aún no hay evidencia científica que demuestre una disminución del riesgo de transmisión del virus del Nilo Occidental. Mora ha señalado que el seguimiento a largo plazo y un aumento continuo en la ocupación de las torres serán cruciales para determinar el impacto real. Este proyecto no solo depende de la ocupación de las torres, sino también de los controles epidemiológicos llevados a cabo por las autoridades para evaluar la situación del virus en la región.
Más allá del control del virus del Nilo, las torres de biodiversidad apuntan a la recuperación de especies autóctonas en declive y a la mejora de la biodiversidad urbana. Se prevé que su diseño, que incluye jardines xerófilos que consumen poca agua, sea especialmente beneficioso en un clima mediterráneo, creando así entornos sostenibles. Los promotores confían en que, con la instalación de cinco torres en tres años, el modelo se expanda a más localidades, reconociendo la necesidad urgente de restaurar la naturaleza en entornos cada vez más urbanizados. Así, reclaman una mayor valoración del entorno natural que coexiste con nuestras comunidades.

