Un reciente estudio ha revelado que algunos perros poseen una capacidad excepcional para aprender el nombre de sus juguetes, similar a la de los niños pequeños. Investigadores de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) de Budapest han demostrado que estos animales pueden adquirir el vocabulario relacionado con sus objetos de juego al escuchar conversaciones entre sus dueños y otras personas, incluso cuando no están directamente involucrados. Este fenómeno invita a una reflexión sobre el aprendizaje social, sugiriendo que estos ‘perros superdotados’ o GWL (por sus siglas en inglés) tienen habilidades cognitivas comparables a las de los niños de 18 meses en su proceso de adquisición del lenguaje.
Ejemplos prominentes de perros con habilidades notables en el aprendizaje de palabras incluyen a Miso, un border collie de seis años que puede identificar hasta 200 juguetes, y Bryn, también de la misma raza, que conoce alrededor de 100. Estos perros son ejemplos de un grupo muy limitado que ha demostrado la capacidad de asociar nombres con objetos, destacando las diferencias individuales en la inteligencia canina. Este estudio abre la puerta a una nueva comprensión sobre cómo la socialización y el entorno pueden influir en el aprendizaje de los animales.
La investigación se llevó a cabo mediante la observación de diez perros GWL en situaciones diseñadas para probar su capacidad de aprendizaje de nombres. Durante sesiones de dos minutos a lo largo de cuatro días, los dueños interactuaron con el juguete y conversaron con otras personas sobre él. Al final del experimento, se encontró que siete de los diez perros podían identificar correctamente el juguete solicitado. Estos resultados no solo desafían la concepción tradicional de la inteligencia animal, sino que también indican que el aprendizaje del lenguaje no es exclusivo de los humanos, sino que puede encontrarse en otras especies.
Además de los retos iniciales, los perros también superaron otra prueba en la cual debían aprender el nombre de un objeto que se les mostraba antes de ser guardado fuera de su vista. Este enfoque intencional de creación de distancia entre el objeto y su nombre demuestra que los perros son capaces de procesar y retener información de manera compleja, así como hacerlo en varias etapas. Sin embargo, los autores del estudio advierten que estas habilidades son extremadamente raras y que no todos los perros tienen la misma capacidad para aprender de esta manera.
En conclusión, los descubrimientos sobre los perros GWL no solo son fascinantes desde el punto de vista científico, sino que también ofrecen una ventana a la comprensión de las capacidades cognitivas de los animales en relación con el lenguaje. Según los investigadores, este grupo de perros podría servir como modelo excepcional para explorar los mecanismos que permitieron a los humanos desarrollar el lenguaje. Este trabajo abre nuevos caminos en la investigación sobre la inteligencia animal y la comunicación, destacando la importancia de la interacción social en el aprendizaje.

