Peces invasores en el Mediterráneo: ¿Cuál es su impacto real?

Un reciente estudio internacional ha destacado el alarmante aumento de especies de peces no nativas en las aguas continentales de los países mediterráneos, con un total de al menos 151 especies identificadas. De estas, 106 se consideran ya «claramente establecidas», lo que significa que han logrado sobrevivir y reproducirse en sus nuevos entornos acuáticos. Los países más afectados por esta invasión son Italia, España, Francia, Bosnia y Herzegovina, y Croacia, mientras que Libia y Malta se encuentran entre los que registran la menor cantidad de esta problemática. Este estudio, encabezado por investigadores de España, Portugal y Croacia, se centra en ecosistemas de agua dulce y zonas de transición, como ríos, lagos y humedales, resaltando la urgencia de abordar las especies invasoras en la región mediteránea.

Entre las especies más predominantes en estas aguas se encuentran la gambusia (Gambusia holbrooki), la carpa común (Cyprinus carpio) y el percasol (Lepomis gibbosus). La gambusia ya ha sido reportada en 21 países, adaptándose exitosamente a diversos hábitats, mientras que la carpa y el percasol se encuentran también en un número significativo de naciones mediterráneas. La presencia de estas especies invasoras plantea desafíos considerables para la biodiversidad y la salud de los ecosistemas acuáticos autóctonos. El coautor del trabajo, que ha sido publicado en la revista Hydrobiologia, enfatiza que, una vez establecidas, estas especies son extremadamente difíciles y costosas de erradicar, lo que hace que la prevención de nuevas introducciones sea crucial.

La mayoría de las especies de peces no nativas en la región circunmediterránea provienen de Europa, Asia y América del Norte, siendo 58 las especies de origen europeo. Curiosamente, varios peces nativos de España, como el barbo de Graells, han sido introducidos en otros países mediterráneos. Asimismo, el alburno, nativo de Europa Central, ha encontrado un nuevo hogar en diversos países del sur de Europa, incluyendo España y Marruecos. Esto indica no solo una red de introducciones humanas, sino también la interconexión entre los ecosistemas de la región mediterránea, lo que complica aún más la gestión de las especies invasoras.

Una de las conclusiones más sobresalientes del estudio es que la presencia de especies invasoras está correlacionada con factores socioeconómicos, como el producto interior bruto (PIB) de los países analizados. Los investigadores notaron que aquellos países con un mayor desarrollo económico tienden a presentar más especies no nativas, resultado de una mayor actividad comercial, acuicultura y recreación. Las introducciones humanas son reconocidas como las principales responsables de esta problemática, a menudo vinculadas a escapes en acuicultura y liberaciones intencionadas para la pesca deportiva, lo cual puede tener consecuencias ecológicas severas y duraderas.

Los investigadores advierten que el cambio climático podría agravar la expansión de especies invasoras, especialmente aquellas que se adaptan a aguas más cálidas. En vista de que las actividades humanas, como la acuicultura y el comercio ornamental, continúan facilitando el movimiento de especies, destacan la necesidad urgente de implementar medidas preventivas y de detección en tiempo real. Las recomendaciones del estudio incluyen la creación de protocolos de bioseguridad más estrictos, así como la mejora de la cooperación internacional para prevenir nuevas introducciones. También sobresale la importancia de priorizar un monitoreo intensivo y la formulación de políticas regionales que regulen de manera más estricta la entrada de especies consideradas de alto riesgo en el contexto de la acuicultura y la pesca recreativa.