Durante más de un siglo, los fascinantes yacimientos de huesos de mamut han suscitado un intenso debate en la comunidad arqueológica sobre su origen y significado. Estudios anteriores habían ofrecido explicaciones variadas, desde trampas naturales hasta la actividad de antiguas comunidades humanas. Ahora, un novedoso estudio publicado en Current Biology arroja nueva luz sobre estas misteriosas acumulaciones, utilizando herramientas modernas como el ADN antiguo, lo que podría transformar nuestra comprensión sobre cómo los humanos y los mamuts interactuaron en la Edad del Hielo.
El estudio se centra en un análisis exhaustivo de 521 mamuts lanudos de Eurasia y Norteamérica, presentando uno de los trabajos de paleogenómica más extensos realizados hasta la fecha. Mediante la secuenciación de 448 genomas por primera vez, los investigadores pudieron comparar los restos de mamuts hallados en contextos naturales con aquellos encontrados en yacimientos arqueológicos, revelando patrones significativos en la distribución de sexos.
Los resultados son reveladores: en los depósitos naturales, dos de cada tres mamuts eran machos, mientras que en las grandes acumulaciones asociadas a comunidades humanas, siete de cada diez eran hembras. Esta notable diferencia sugiere que las concentraciones de restos óseos pueden ser el resultado de la caza o la explotación sistemática de mamuts por parte de grupos humanos, aportando así una nueva perspectiva a los yacimientos paleolíticos.
Los investigadores, al comparar muestras de ambas categorías, utilizaban el análisis del ADN para establecer el sexo de los ejemplares, evitando la dificultad de clasificaciones anátomo-morfológicas en restos fragmentados. Este enfoque ha demostrado que el sesgo en la proporción de sexos no es producto del azar, manteniéndose constante en diferentes regiones geográficas como Europa, Siberia y Norteamérica.
Este estudio no solo enriquece el entendimiento sobre la relación entre humanos y mamuts, sino que también desafía percepciones anteriores sobre la explotación de estos animales. Aunque no se concluye que la caza humana fuera la única causante del declive de los mamuts, se fortalece la idea de que su utilización por parte de los cazadores-recolectores fue más organizada y frecuente de lo que se pensaba. Así, el ADN antiguo se convierte en una herramienta crucial no solo para reconstruir la evolución, sino para contar historias sobre nuestras interacciones con especies que han desaparecido.

