La situación del lobo en España es objeto de un debate intenso, dado que su presencia se ha limitado a las regiones del norte peninsular durante casi tres décadas. Los expertos advierten que la falta de expansión hacia el sur se debe principalmente a la alta mortalidad ocasionada por la actividad humana, que incluye la caza legal e ilegal. En este contexto, la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) ha solicitado al Ministerio de Transición Ecológica que considere la posibilidad de traslocar ejemplares jóvenes desde el norte hacia el sur, donde las poblaciones permanecen aisladas. Sin embargo, muchos investigadores argumentan que esta estrategia no sería científicamente viable si no se abordan primero las causas de la mortalidad que impiden la expansión natural del lobo.
La idea de que «sobran lobos» en el norte es rebatida por expertos como Ángel Sánchez, presidente de DIRUS, quien asegura que este tipo de razas suele tener mecanismos naturales de regulación poblacional que limitan su crecimiento. Esto significa que no se puede hablar de superpoblación simplemente debido a la cantidad de lobos en determinada área. Lo que realmente importa es la estabilidad de los grupos familiares, la conectividad entre territorios y una gestión adecuada que favorezca la coexistencia con la ganadería. Desde esta perspectiva, la población de lobos en el norte no se puede considerar excedentaria, sino bien adaptada a las condiciones del ecosistema.
Actualmente, no hay poblaciones de lobo en el sur de España, habiendo desaparecido la última en Sierra Morena entre 2003 y 2014. A pesar de que se han detectado nuevos grupos reproductores en el norte de Extremadura, en la península ibérica las densidades de lobos son notablemente bajas, con grupos que rara vez superan los cinco individuos. Morales, de la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de Mamíferos, destaca que el estancamiento de la población de lobos en España durante tres décadas se debe a la mortalidad humana mediante caza y atropellos, entre otras causas, lo que impide una expansión natural.
La correcta reintroducción del lobo requiere que antes se eliminen las causas que llevaron a su extinción en ciertas áreas. Morales subraya que la liberación de lobos en el sur no tendrá éxito si las condiciones permanecen adversas, como la caza furtiva y el uso de venenos. Además, es fundamental que exista un grado suficiente de aceptación social para asegurar el éxito de cualquier programa de reintroducción. Este tipo de iniciativas deben ser resultado de una planificación coherente y coordinada entre comunidades autónomas, con el fin de garantizar no solo la supervivencia de la especie, sino también su recuperación en los territorios donde históricamente estuvo presente.
Finalmente, un buen plan de traslocación no puede ser visto como una simple redistribución de lobos para aliviar la presión sobre el sector ganadero. En su opinión, el presidente de DIRUS, Sánchez, resalta la importancia de realizar un seguimiento riguroso de cualquier programa de reintroducción, teniendo en cuenta que la movilidad y territorialidad de los lobos complican su traslado. Ejemplos exitosos en Estados Unidos, como los de Yellowstone e Idaho, demuestran que una reintroducción efectiva debe ser un proceso meticuloso y bien planificado, y no un proyecto ad hoc, sino a largo plazo, centrado en la conservación del lobo como especie.

