La calidad humana de una sociedad puede ser evaluada a través de su relación con los animales, y esta reflexión es el eje central de la nueva edición de Planeta Sostenible, presentada por Fernando Ocaña, director del refugio Salvando Peludos. En su intervención en la bitácora de EFEverde, Ocaña aborda el complejo problema de los gatos comunitarios, esos felinos que habitan en nuestras calles, comparten nuestro entorno y enfrentan desafíos a menudo invisibles para la mayoría de la población. La sociedad debutante en su responsabilidad hacia estos animales muestra la necesidad de un cambio en la percepción acerca de su bienestar.
Ocaña remarca que la relación entre humanos y gatos data de hace 7.500 años, atravesando periodos de veneración y superstición hasta desembocar en la convivencia actual. Sin embargo, subraya que para comprender la existencia de los gatos comunitarios es esencial prestar atención a lo que la ciencia ha descubierto sobre ellos. Al ser depredadores solitarios y territoriales, la naturaleza independiente de estos félidos se traduce en un comportamiento que a veces no se alinea con la expectativa de los humanos, lo que complica su aceptación en entornos urbanos.
En la ciudad de Madrid, se calcula que la población de gatos comunitarios asciende entre 30.000 y 40.000, un número alarmante que revela la urgencia de una respuesta ciudadana. Ocaña enfatiza que todos estos gatos son descendientes de animales abandonados o no esterilizados, conectando directamente el problema con la responsabilidad de los ciudadanos. Este enfoque no solo muestra la falta de acción, sino también es una llamada a tomar conciencia sobre cómo nuestras acciones impactan en la vida de estos felinos.
La vida de un gato comunitario se basa en tres pilares: el territorio, el alimento y la reproducción. Ocaña explica que el territorio es su espacio seguro dentro de la colonia, mientras que el alimento es mayormente proporcionado por buenas vecinas que se dedican a cuidar de ellos. La reproducción descontrolada, sin la intervención adecuada, agrava la situación actual en la que viven. En este sentido, la implementación del programa CES (Captura, Esterilización y Suelta), obligatorio con la Ley 7/2023, se presenta como una solución ética y eficaz para reducir la población de felinos en las calles de forma progresiva y responsable.
Sin embargo, Ocaña advierte sobre la crueldad que muchas veces acompaña a la indiferencia ante el sufrimiento de estos animales, denunciando actos de agresión hacia quienes cuidan de ellos y vandalismo contra refugios. Es un llamado a la acción cívica: la ciudadanía tiene el derecho de exigir a los gobiernos que se apliquen las leyes necesarias y se designen espacios seguros para manejar las colonias de gatos. A medida que los gatos comunitarios continúan conviviendo con nosotros, la pregunta reside en si nuestra sociedad tomará las medidas necesarias para asegurar su bienestar, asegurando así una convivencia más respetuosa.

