Las costas de Cantabria han registrado un notable cambio en la fauna avícola que habita sus humedales. Los flamencos, originarios de climas más cálidos del Mediterráneo, han dejado de ser pasajeros temporales y se han asentado como residentes durante todo el año. Este fenómeno ha sido confirmado por Felipe González, delegado de SEO/BirdLife en la región, quien mencionó que, desde hace tres inviernos, un grupo de flamencos ha hecho de la bahía de Santander y las marismas de Santoña, Victoria y Joyel, su hogar. ¿La razón? La abundancia de recursos y un clima más favorable que les permite establecerse en el norte.
González señala que la población de flamencos en Cantabria ha ido en aumento, alcanzando los 25 individuos en este momento. Este incremento contrasta con la llegada de otras aves acuáticas invernantes oriundas de las frías latitudes del norte de Europa, que también se han convertido en un atractivo para los ornitólogos locales. Aves como el eider y los zampullines cuellirrojos muestran la diversidad del ecosistema acuático de la región, que atrae a expertos en avistamiento. Por otro lado, la presencia del águila pescadora y el pigargo europeo, esta última resultado de un programa de reintroducción, ha despertado controversia, debido a las preocupaciones sobre su papel como depredadores en el equilibrio del hábitat.
A pesar de ser líderes en cantidad y variedad de aves acuáticas en el Cantábrico, la reciente evaluación realizada en enero por SEO/BirdLife indica que la cifra total de invernantes en Cantabria ha sido baja, con 29.836 ejemplares y 72 especies distintas. Esta cantidad es inferior a la registrada en años anteriores, lo que ha llevado a González a atribuir esta disminución al impacto del cambio climático en los patrones migratorios. Según él, el clima más cálido ha llevado a muchas aves migratorias a permanecer en sus territorios de origen, reduciendo así su llegada a los humedales cántabros.
Una de las especies que ha visto su número disminuido es el silbón europeo, que normalmente podría alcanzar los 5.000 ejemplares, pero este año se estima que apenas se han avistado la mitad. Esto pone de manifiesto cómo los cambios ambientales afectan no solo las migraciones, sino también la interdependencia de las especies avícolas en ecosistemas específicos. González mencionó que el estado de la marisma de Doñana, con abundantes recursos hídricos, ha influido en esta migración, atrayendo a un mayor número de aves hacia el sur en comparación con años pasados, cuando la sequía favorecía la llegada de más aves a Cantabria.
El fenómeno de la migración aviar es considerado un indicador esencial del impacto del cambio climático a nivel global. González destaca que las aves migratorias actúan como un «termómetro» de la naturaleza, reflejando las alteraciones en sus rutas tradicionales debido a cambios en las temperaturas. La situación actual de los humedales de toda España resalta la importancia de seguir estudiando estos patrones, y cómo las condiciones climáticas pueden influir en la diversidad y abundancia de la avifauna. En consecuencia, el análisis de sus movimientos migratorios se convierte en una herramienta vital para entender los efectos del cambio climático en el medio ambiente.

