El lobo ibérico (Canis lupus), una especie emblemática de la península ibérica, ha sido clasificado como «vulnerable» en la Lista Roja Nacional de Mamíferos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esta evaluación se basa en la alarmante estimación de que menos de 1.000 individuos adultos habitan actualmente en España. La Sociedad Ibérica para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM), en colaboración con el Grupo de Especialistas de Especies de España (EsSSG) de la UICN, ha coordinado la revisión más exhaustiva desde 2007, revelando que la población del lobo se concentra principalmente en el tercio noroccidental del país, tras la desaparición de la población de Sierra Morena.
Los datos recopilados en el último censo nacional entre 2021 y 2024 han arrojado un total de 333 grupos familiares. Sin embargo, la estructura social del lobo, donde generalmente solo una pareja reproductora da lugar a la mayoría de los nuevos individuos, complica aún más la situación. Expertos de la SECEM afirman que los resultados son consistentes con evaluaciones previas, indicando un estado de conservación desfavorable en las regiones biogeográficas atlántica, mediterránea y alpina. La escasa cifra de individuos maduros y la inadecuada gestión de sus poblaciones convierten al lobo en una especie en grave riesgo de extinción en el largo plazo.
A pesar de que las autoridades no han publicado aún la evaluación correspondiente al periodo 2019-2024, la SECEM advierte que no se esperan mejoras significativas en la situación del lobo. La permanencia de cifras estancadas de grupos familiares y el impacto devastador de los recientes incendios han empeorado las perspectivas para esta especie. Además, la mortalidad de lobos por control poblacional en regiones como Asturias y Cantabria demuestra que la situación es crítica y amerita una intervención urgente para preservar la especie.
La situación en Portugal también es preocupante. Recientes censos muestran una contracción del 20% en el área de presencia del lobo en las últimas dos décadas, así como una disminución de manadas. Al estar clasificado como «en peligro» desde 1990, el lobo es objeto de atención, pero aún no goza de la protección legal adecuada en gran parte de su hábitat. Mientras que en España se incluyó en 2021 en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, esta protección se ha visto comprometida en 2025, lo que pone en riesgo su conservación y perpetua su estado de vulnerabilidad.
Frente a estas alarmantes condiciones, la SECEM ha instado a la implementación de medidas concretas para gestionar la población de lobos de manera efectiva y coordinada entre España y Portugal. Entre las recomendaciones se encuentran la inclusión del lobo en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y la elaboración de planes de conservación que sean integrales y estandarizados. Además, enfatizan la necesidad de mitigar los conflictos con los ganaderos mediante estrategias de prevención eficaces. La protección del lobo es esencial no solo para su supervivencia, sino también para mantener el equilibrio ecológico en los ecosistemas de la península ibérica.

