La conservación de las tortugas marinas en el Caribe se ha convertido en un tema crucial para la preservación de los ecosistemas costeros. El éxito de esta gestión se basa en el análisis de series de datos recopilados a lo largo de las últimas décadas, que incluyen censos de nidos, avistamientos y registros de capturas. Sin embargo, un nuevo estudio realizado por la Universidad Simon Fraser (SFU) indica que es posible retroceder más de 4,000 años en la historia de las poblaciones de tortugas en el Caribe, mediante el análisis de restos óseos de siete yacimientos en Curaçao y Bonaire. Este hallazgo sugiere que lo que consideramos un ecosistema «normal» podría estar, en realidad, profundamente alterado.
Uno de los problemas más relevantes en la gestión actual de las especies marinas es el fenómeno del «punto de referencia cambiante», que puede llevar a los gestores a definir metas de recuperación muy modestas basadas en un estado de degradación preexistente. El estudio revela que la historia de interacción humana con las tortugas en el Caribe se remonta mucho más atrás de lo que se había documentado formalmente. Desde el periodo precolombino hasta la época colonial, la explotación de estas especies ha cambiado significativamente su población, y además, los datos disponibles habitualmente no abarcan el contexto histórico necesario para establecer una línea base adecuada.
Una de las herramientas innovadoras que ha permitido este descubrimiento es ZooMS (Zooarchaeology by Mass Spectrometry), que permite identificar restos óseos de tortuga que anteriormente se consideraban irreconocibles. Este método analiza el colágeno tipo I presente en los huesos, una proteína que se conserva mejor que el ADN en climas cálidos y húmedos como el caribeño. Así, el estudio identificó tres especies de tortugas: la tortuga verde (Chelonia mydas), el carey (Eretmochelys imbricata) y la caguama (Caretta caretta), proporcionando un invaluable contexto sobre su historia evolutiva y poblacional en la región.
El estudio abarcó la análisis de 87 fragmentos óseos de tortugas marinas de siete yacimientos en Curaçao y Bonaire, lo que abarca un periodo de más de 4,000 años. Este conocimiento histórico permite comprender que la actual proporción de estas especies en el mar no representa el equilibrio natural que se podría asumir. Por ejemplo, en Bonaire, los datos recientes muestran una paradoja en la anidación de tortugas, donde el carey, catalogado como «en peligro crítico», lidera en número de nidos, mientras que la tortuga verde contribuye muy poco a la anidación, a pesar de haber mejorado su estatus de conservación.
Finalmente, el estudio no solo enriquece el conocimiento de la historia ecológica de las tortugas en el Caribe, sino que también ofrece una guía práctica para la conservación. Reconocer las interacciones históricas entre los humanos y estas especies puede ayudar a establecer estrategias más efectivas de protección. Se recomienda abordar cuestiones como la captura accidental de tortugas, la influencia del turismo costero y la adaptación al cambio climático, teniendo en cuenta los hábitats específicos de cada especie. Al hacerlo, se podrá crear un enfoque más dirigido y eficiente para asegurar la supervivencia de las tortugas marinas en un futuro que, sin duda, se presenta desafiante.

