Un equipo de investigadores ha hecho un descubrimiento notable en el comportamiento del lince ibérico, al documentar por primera vez su práctica de transportar y sumergir deliberadamente a sus presas en agua. Este comportamiento fue observado a través de cámaras trampa en los Montes de Toledo entre 2020 y 2025. El hallazgo, que fue divulgado por el Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), sugiere una adaptación fascinante en la ecología conductual de esta especie emblemática, indicando su capacidad de resolver problemas y su inteligencia para buscar soluciones durante momentos críticos, como el destete de sus cachorros.
El lince ibérico se erige como un símbolo internacional de conservación, recuperándose de un estado crítico en los años 80 gracias a estrategias de cría en cautividad y reintroducción. Actualmente, su población supera los 1.200 ejemplares en libertad, con una concentración notable en los Montes de Toledo. En este entorno, específicamente en la finca ‘El Castañar’, investigadores han podido observar este comportamiento inédito que reconfigura nuestra comprensión sobre cómo los felinos manejan sus presas y su entorno. A lo largo de la historia de la biología, se había asumido que los carnívoros consumían rápidamente a sus presas sin alterar su forma y textura, pero este lince ibérico ha desafiado esa suposición.
Las hembras de lince han sido documentadas transportando conejos hacia pilones de agua, donde los sumergen de manera intencionada. La primera observación tuvo lugar el 9 de agosto de 2020, con una hembra llamada Naia. Desde entonces, se han registrado un total de ocho eventos similares, protagonizados por cinco hembras diferentes. Este comportamiento, exclusivo de esta población, no se ha observado en otros linces de la península ni en centros de cría en cautividad, lo que subraya la singularidad de esta adaptación y plantea nuevas interrogantes sobre las prácticas alimentarias de los felinos.
Los investigadores han comprobado que esta conducta no es simplemente una respuesta a las altas temperaturas, lo que sugiere motivos más complejos detrás de esta práctica. A través de experimentos con cadáveres de conejo, se ha encontrado que la inmersión en agua ayuda a enfriar la presa y a retener humedad, lo que podría facilitar que las hembras proporcionen una forma de hidratación a sus cachorros durante el destete. Este hallazgo insinúa que el lince ibérico no solo se preocupa por la alimentación, sino también por la salud y bienestar de sus crías en un contexto de sequía, mostrando así una planificación en su comportamiento parental.
Además, el hecho de que este comportamiento se esté transmitiendo entre hembras emparentadas o de territorios colindantes sugiere un patrón de aprendizaje social, una complejidad cognitiva que es poco común en la fauna salvaje. Según José Jiménez, investigador del IREC y autor principal del estudio, este aprendizaje social tiene implicaciones evolutivas destacadas en escenarios cambiantes. Sus observaciones resaltan la importancia de ir más allá del conteo de ejemplares en la conservación del lince ibérico, enfatizando que la ecología del comportamiento debe ser parte integral de nuestras estrategias de conservación. Las adaptaciones únicas y las “tradiciones locales” de esta especie enriquecen nuestro conocimiento científico y confirman que incluso en las especies más emblemáticas se pueden encontrar comportamientos inesperados que continúan desafiando nuestras ideas sobre la evolución.
