Hace aproximadamente 70 años, un hallazgo extraordinario surgió en el contexto de la caza de ballenas que tuvo lugar en ese entonces. Durante una de estas expediciones, un calamar fue extraído del estómago de un cachalote, un evento que pasó desapercibido durante mucho tiempo. Recientemente, un equipo científico español, liderado por la estudiante Sam Arnold y el investigador Fernando Ángel Fernández-Álvarez del Instituto Español de Oceanografía, hizo una revisión exhaustiva de este espécimen, lo que llevó al descubrimiento de que se trataba de una nueva especie desconocida para la ciencia, bautizada como ‘Mobydickia poseidonii’. Esta revelación ha suscitado gran interés entre la comunidad científica, ya que el calamar ha sido incluido en la lista de las diez especies marinas más extraordinarias de 2025 del Registro Mundial de Especies Marinas (WoRMS).
El calamar de Poseidón, que se estima que medía entre 40 y 50 centímetros, se distingue por su morfología inusual, que no coincide con ninguna de las familias de cefalópodos previamente catalogadas. Entre sus características más sobresalientes, destaca su falta de pigmentación en la mayoría del cuerpo, a excepción de sus ojos, así como los ganchos en las ventosas de sus brazos que evocan la forma de un tridente. Esta peculiaridad, sumada a su relación con la famosa ballena blanca de ‘Moby Dick’ y los mitos de Poseidón, le confiere un halo de misterio y fascinación. Fernández-Álvarez subraya la importancia de los museos y colecciones biológicas, que, a menudo, son repositorios críticos de biodiversidad y conocimiento científico.
La eliminación de tabúes relacionados con la caza de cetáceos y otras criaturas marinas ha permitido que avancen los esfuerzos de conservación. Fernández-Álvarez, en su estudio, destaca la ironía de que este calamar haya sido preservado durante siete décadas en condiciones adecuadas. La investigación también revela cómo los descubrimientos en océanos profundos son fundamentales para comprender la rica biodiversidad que albergan. Estos ecosistemas son aún en gran medida inexplorados, y los científicos continúan encontrando nuevas especies que amplían nuestra comprensión del mundo marino.
El calamar de Poseidón no es un caso aislado; la historia de su descubrimiento resuena con el de otras especies notables, como la familia de cefalópodos Magnapinnidae, que también fue identificada después de la filmación de imágenes submarinas. Este último hallazgo pinta un cuadro de criaturas que desafían nuestras nociones preconcebidas, con un aspecto extraño que recuerda a seres extraterrestres. Estas innovaciones visuales han logrado poner en el foco al océano, donde los calamares con filamentos pueden alcanzar longitudes de hasta seis o siete metros, incluso capturando la atención de los videojuegos de exploración submarina.
La combinación de misterio y descubrimiento sigue estimulando el interés en la biología marina. A medida que los avances tecnológicos permiten explorar las profundidades del océano, se hace cada vez más evidente que el mundo marino guarda secretos no solo relevantes para la ciencia, sino también para la cultura popular. La esperanza es que el calamar de Poseidón y otros hallazgos inspiren una mayor conciencia sobre la importancia de conservar nuestros océanos y el asombroso mundo que esconden. En este sentido, iniciativas como boletines informativos y plataformas de comunicación, como EFEverde, juegan un papel fundamental para educar y conectar a la sociedad con la biodiversidad marina.

