Recientemente, un estudio brasileño ha puesto en jaque la percepción pública sobre el consumo de atún al revelar que el 96% de los ejemplares analizados presentaba parásitos. Este alarmante porcentaje ha creado una ola de inquietud respecto a la seguridad alimentaria del pescado, pero la realidad detrás de esta cifra es más matizada. Es crucial destacar que este porcentaje proviene del análisis de 53 atunes en su totalidad, incluidos las vísceras y otros órganos, y no se refiere únicamente a la carne que se consume. La forma en que se interpretan estos datos puede influir significativamente en cómo los consumidores perciben el riesgo asociado a este popular alimento marino.
Las claves del estudio revelan que, aunque el 96% de los atunes presentaba algún tipo de parásito, solo el 58,5% de esos parásitos se encontraban en el músculo, la parte que comúnmente se consume. Entre los parásitos identificados, se encontraban las larvas del nematodo Anisakis, así como de las especies Trypanorhyncha y Rhadinorhynchus. Sin embargo, de estos, Anisakis es el único que plantea un riesgo significativo para la salud humana si se consume pescado crudo. La diferencia entre la presencia de parásitos en peces enteros versus la carne envasada o fileteada es vital para evaluar los riesgos reales asociados al consumo de atún.
Para mitigar los riesgos, el estudio y las pautas de salud pública indican que la cocción adecuada y la congelación son métodos eficaces para eliminar parásitos como el Anisakis. Cocinar el pescado a una temperatura interna de al menos 63 °C o congelar a -20 °C durante una semana son prácticas recomendadas, que aseguran que cualquier larva viable sea inactivada. A pesar de la alarma mediática, estos métodos permiten disfrutar del atún de manera segura, siempre que se sigan las pautas adecuadas al preparar y consumir este alimento.
Por otro lado, al hablar de seguridad alimentaria en relación al atún, es fundamental distinguir entre dos riesgos diferentes: la anisakiasis, un problema parasitario derivado del consumo de pescado crudo, y la intoxicación por histamina, que resulta de una inadecuada conservación. La cocción puede eliminar el Anisakis, pero no afecta la histamina si ya ha sido producida. Por tanto, las prácticas de conservación, como mantener la cadena de frío, son clave para prevenir la formación de histamina, lo que subraya la importancia de una manipulación adecuada del pescado desde su captura hasta su consumo.
En conclusión, aunque el estudio brasileño arroja un dato impresionante sobre la prevalencia de parásitos en atunes, es importante tomar este hallazgo dentro del contexto adecuado. La alarma sobre el 96% de atún con parásitos no debe provocar pánico en los consumidores, sino más bien una reflexión sobre la importancia de seguir normas adecuadas de cocción y conservación. Los consumidores pueden disfrutar del atún de forma segura, siempre que realicen elecciones informadas y practiquen métodos de preparación respaldados por las autoridades de salud.

