Las empresas avanzan en SynFuels Biobío, un proyecto que busca producir combustibles sintéticos combinando hidrógeno verde con CO2 biogénico generado durante la producción de celulosa. El piloto se instalará en Planta Arauco Línea 2 y apunta a probar una tecnología que podría abrir nuevas alternativas para sectores donde la electrificación presenta mayores dificultades, como la aviación, el transporte marítimo y ciertas aplicaciones industriales.
Hay actividades donde reemplazar un combustible por electricidad resulta relativamente directo. Un automóvil puede cambiar un motor a combustión por baterías. Una vivienda puede sustituir una caldera por una bomba de calor. En un avión de largo alcance o un barco que cruza un océano, la ecuación es bastante más compleja.
Ahí aparece una de las tecnologías que está ganando espacio dentro de la transición energética: los combustibles sintéticos o e-fuels.
Y Chile quiere participar en ese desarrollo. La actualización 2026-2030 de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde puso entre sus prioridades precisamente el uso de hidrógeno en sectores de difícil electrificación y la producción de combustibles sintéticos.
En el Biobío, esa discusión ya empieza a trasladarse desde los documentos de política pública hacia una planta industrial, específicamente de Forestal Arauco, empresa de larga tradición en la zona.
¿Qué son los combustibles sintéticos?
Los e-fuels son combustibles producidos mediante procesos industriales que utilizan hidrógeno obtenido a partir de electricidad y otros insumos, como CO2 capturado, para crear nuevas moléculas energéticas.
Una forma simple de entenderlo es pensar en dos piezas. La primera es el hidrógeno verde, producido mediante electrólisis: electricidad de origen renovable separa el hidrógeno presente en el agua.
La segunda es una fuente de carbono. Para producir hidrocarburos sintéticos, ese hidrógeno puede combinarse con CO2 previamente capturado. A partir de ese proceso pueden obtenerse productos con características similares a combustibles líquidos o gaseosos utilizados actualmente.
La Agencia Internacional de Energía (IEA) considera dentro de esta familia a combustibles producidos a partir de hidrógeno electrolítico y señala que tienen especial potencial en aviación y transporte marítimo, dos actividades que seguirán dependiendo en buena medida de combustibles de alta densidad energética.
La diferencia principal con un combustible fósil está en de dónde provienen la energía y el carbono utilizados para producirlo.
El proyecto abre además posibilidades para etapas posteriores. Según información de Arauco, SynFuels Biobío permitirá explorar tecnologías orientadas a producir eSAF, combustible sintético sostenible para aviación, y e-GL, una alternativa sintética al gas licuado.
E-fuels y biocombustibles: dos caminos distintos
Los conceptos suelen mezclarse porque ambos buscan reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Un biocombustible obtiene su materia prima directamente de biomasa, tal como lo ha hecho Arauco desde hace un tiempo. El biodiésel, el bioetanol o algunos combustibles sostenibles de aviación pueden producirse a partir de aceites, residuos agrícolas, materias vegetales u otras fuentes biológicas.
Un e-fuel utiliza principalmente hidrógeno producido con electricidad y, en el caso de los hidrocarburos sintéticos, una fuente de carbono capturado.
También existen rutas híbridas y crecientes conexiones entre ambos mundos. La IEA destaca, por ejemplo, el potencial de utilizar CO2 biogénico proveniente de procesos de bioenergía o industrias relacionadas con biomasa para producir e-fuels.
Es justamente allí donde SynFuels Biobío encuentra un espacio particular: aprovecha un flujo de carbono biogénico asociado a la industria forestal y lo incorpora como insumo para la producción de combustibles sintéticos.

El carbono de SynFuels Biobío viene de la industria de la celulosa
Este punto es especialmente relevante en el proyecto impulsado por Arauco, Copec y Abastible.
SynFuels Biobío no plantea producir el combustible mediante la gasificación directa de biomasa forestal. El proyecto utilizará CO2 biogénico que ya se genera durante el proceso productivo de la celulosa y lo combinará con hidrógeno verde.
Ese origen permite entender el vínculo con la actividad forestal. Los árboles absorben CO2 de la atmósfera mientras crecen. Parte de ese carbono queda incorporado en la biomasa y posteriormente circula por los procesos industriales asociados a la madera y la celulosa. El CO2 biogénico corresponde al carbono de ese ciclo biológico, en contraste con el carbono fósil extraído desde depósitos de petróleo, gas o carbón.
Qué busca probar Arauco en Biobío
SynFuels Biobío nació desde Bioforest, el centro de investigación e innovación de Arauco, que lidera el desarrollo tecnológico del proyecto.
La iniciativa cuenta con apoyo de Corfo a través del Programa Tecnológico para el Uso y Adopción de Hidrógeno en la Industria Chilena. Este instrumento busca desarrollar y probar tecnologías asociadas al hidrógeno en sectores productivos y reducir las brechas que todavía dificultan su adopción a escala industrial.
El piloto estará ubicado en Planta Arauco Línea 2, en la Región del Biobío. La ubicación reúne tres elementos que necesita la tecnología: una fuente de CO2 biogénico vinculada a la producción de celulosa, acceso a energía renovable e infraestructura industrial donde probar el proceso en condiciones reales.
El Reporte Integrado 2025 de Arauco entrega además una fotografía del estado del proyecto. La compañía señala que SynFuels Biobío se desarrolla junto con Copec y Abastible desde fines de 2024 y había recibido $1.600 millones en aportes estatales, de los cuales $245 millones se habían destinado a estudios de ingeniería conceptual y básica y a la gestión de permisos ambientales.
Para los impulsores de este proyecto, Biobío tiene condiciones muy interesantes para convertirse en un espacio de desarrollo de combustibles sintéticos. Aquí convergen CO2 biogénico, energía renovable, infraestructura industrial y capacidades tecnológicas. La alianza entre Arauco, Copec y Abastible busca aprovechar esa combinación para validar soluciones que puedan aportar a sectores donde la electrificación sigue siendo compleja.
Su objetivo inmediato no es abastecer masivamente al mercado chileno con combustible sintético. La etapa actual busca generar conocimiento, probar la tecnología, reducir riesgos y evaluar si existen condiciones para desarrollos industriales posteriores.
El piloto busca capturar CO2 biogénico proveniente del proceso de celulosa, utilizarlo como materia prima y combinarlo con hidrógeno producido a partir de agua desmineralizada y electricidad renovable.
Arauco concentra experiencia forestal, industrial, producción de celulosa y desarrollo tecnológico a través de Bioforest. Copec aporta capacidades asociadas a combustibles, movilidad y distribución energética. Abastible suma conocimiento en gases licuados y soluciones energéticas.
El acuerdo busca reunir esas capacidades alrededor de una tecnología que ninguna de las tres compañías desarrolla de manera aislada.

