En la ciudad de Jan Yunis, en la Franja de Gaza, el impacto devastador de la ofensiva israelí ha dejado a su paso no solo la destrucción de infraestructura, sino también la devastación de los ecosistemas que eran vitales para la vida de muchos habitantes. Sameh Al Aqad, un apicultor local, se ha convertido en un testimonio viviente de esta tragedia. Antes del estallido de la violencia en octubre de 2023, Al Aqad cultivaba 100 colmenas en su pequeño terreno, pero tras varios meses de desplazamiento debido a los bombardeos, al regresar se encontró con que solo dos colmenas sobrevivieron a la destrucción. «El apiario estaba completamente destruido», relata con tristeza mientras examina los restos de sus colmenas, destruidas por el conflicto.
La agricultura en Gaza ha sufrido un duro golpe en medio de este conflicto. Según un informe reciente de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), apenas el 3 % de las tierras agrícolas de Gaza se mantienen intactas. Este dato revela la severidad del ataque, que ha dejado aproximadamente el 80 % de los edificios en la Franja dañados o completamente destruidos. La superficie cultivable ha disminuido drásticamente, con un reducción del 25 % desde el alto el fuego de octubre pasado. La agricultura, que representaba alrededor del 10 % de la economía de la región, se ha visto severamente afectada por la crisis prolongada.
El deterioro del entorno agrícola ha repercutido directamente en la vida de Al Aqad y de sus abejas. «Antes de la guerra había campos abiertos, huertos, árboles y otros recursos para que las abejas se alimentaran: había polen, flores, de todo», explica Al Aqad. Sin embargo, el paisaje que una vez todo este recurso natural ha cambiado drásticamente. La destrucción de huertos de cítricos, almendros y melocotoneros ha dejado a las abejas sin alimento, lo que ha tenido un impacto devastador en la población de insectos. A su regreso, Al Aqad se encontró con que todas sus abejas se habían ido, lo que lo obligó a comprar nuevas para intentar restablecer sus colmenas supervivientes.
El proceso de reconstrucción de sus colmenas no ha sido fácil. Al Aqad ha tenido que lidiar con la escasez de materiales debido al estricto control fronterizo de Israel, que dificultó la entrada de herramientas y suministros necesarios para la apicultura. «Compré más madera y reparé el resto de las colmenas, pero criar abejas es caro», admite Al Aqad. Sin acceso a medicinas y materiales apícolas, muchos en la industria apícola enfrentan enormes retos. Este acceso limitado significa que los apicultores están luchando no solo por sus negocios, sino por su sustento en un entorno adverso.
A pesar de todas las dificultades, Al Aqad se mantiene firme en su compromiso con la apicultura, una actividad que considera esencial para la vida. «Las abejas son parte de nuestras vidas, de nuestra sangre. Son nuestro alimento, nuestro trabajo y el sustento de nuestros hijos», afirma, reflejando la profunda conexión que tiene con estos insectos. Al Aqad anhela que algún día, las restricciones se levanten y que la apicultura en Gaza pueda florecer nuevamente, devolviendo la esperanza y la seguridad alimentaria a su comunidad. Mientras tanto, su determinación de preservar este legado continúa, a pesar de la adversidad.

