Justo cuando la tierra dejó de temblar, un grupo de veterinarios de Cali se movilizó rápidamente en respuesta al devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió la ciudad el 10 de agosto. Armados con kits de primeros auxilios, guantes y medicación, estos profesionales se adentraron en las calles para atender a perros y gatos heridos, así como a aquellos que habían quedado separados de sus familias. Miguel Ángel Burbano Vega, líder de servicios veterinarios de la Unidad Administrativa de Protección Animal, relata cómo los equipos de rescate establecieron puntos críticos en colaboración con los Puestos de Mando Unificados para proporcionar atención inmediata. El panorama era caótico y desgarrador, pero estas acciones marcaban el inicio de una titánica labor de recuperación animal en medio de la tragedia.
En su primer día de operaciones, los veterinarios se encontraron con una gran cantidad de animales asustados y heridos. Muchos presentaban cortes de vidrio en sus patas, mientras que otros habían quedado atrapados bajo los escombros. «Fueron horas eternas de rescates», recuerda Burbano, quien destaca que aquellos que lograron salir fueron rápidamente estabilizados y trasladados al Centro de Bienestar Animal (CBA), que se convirtió en una crucial base de operaciones. Hasta la fecha, el CBA ha acogido a 164 animales sobrevivientes, mientras que 34 ya han sido encontrados sin vida, y un número considerable permanece desaparecido.
Dentro del Centro de Bienestar Animal, la situación es de mesura y cuidado. Aunque el sonido de ladridos y maullidos llena el aire, varios de los animales están en un estado de tranquila espera. Estefany Quintero, trabajadora del CBA, explica que se han implementado terapias para ayudar a las mascotas a superar traumas y miedos. Es conmovedor observar los reencuentros entre los dueños y sus animales, donde las lágrimas de alegría se mezclan con el alivio tras haber atravesado momentos desgarradores. Para muchos, sus mascotas representan el último vestigio de sus hogares destruidos.
La comunidad de Cali ha demostrado una conmovedora solidaridad con los animales afectados por el terremoto. Según Carmen Elena Domínguez Murillo, directora de la UAEPA, 86 animales han sido adoptados en un esfuerzo por aliviar la carga del centro. «La solidaridad se ha hecho sentir, y hemos recibido un apoyo inmenso de la ciudad para poder continuar con nuestra labor», afirma Domínguez. Esta respuesta ciudadana no solo ha facilitado la adopción, sino que también ha permitido que el personal veterinario continúe atendiendo a los animales que siguen llegando en busca de ayuda.
Entre aquellos que han ofrecido su apoyo se encuentra María Luz Apio, una voluntaria dedicada que viaja más de dos horas desde el caserío de El Saladito para contribuir con su experiencia. Apio, con 37 años de trayectoria en el rescate de animales, se ha convertido en un pilar de amor y esperanza para estos seres vulnerables. ‘Mi deseo es ayudarlos para que tengan una mejor calidad de vida’, sostiene con fuerza. Mientras Cali intenta recuperarse del impacto del terremoto, el CBA sigue siendo un refugio esencial, donde la lucha de los animales por reencontrarse con sus familias apenas comienza.

