Terremoto Dúrcal: ¿Por qué un sismo de 7,8 no causó devastación?

El 29 de marzo de 1954, un extraordinario fenómeno sísmico fue detectado en Dúrcal, un pequeño municipio granadino situado a unos 27 kilómetros de la capital de la provincia y a una altitud de 787 metros en el hermoso entorno del Valle de Lecrín. Los sismógrafos registraron una magnitud de 7,8 en la escala de magnitud de momento (Mw), una medida que ha reemplazado a la famosa escala de Richter para valorar grandes terremotos. Aunque una cifra de tal magnitud sugiere la posibilidad de devastadoras consecuencias, la realidad es que Dúrcal no experimentó los devastadores efectos normalmente asociados a un evento sísmico de esta magnitud. La curiosidad por entender esta aparente contradicción se convierte en el centro de atención, dado que lo que se espera de un terremoto fuerte es destrucción y caos, mientras que en este caso, la comunidad experimentó efectos relativamente modestos.

Para desmitificar la tragedia que podría haber desencadenado un terremoto de 7,8, es fundamental entender la diferencia entre magnitud e intensidad sísmica. La magnitud se refiere al tamaño y energía liberada en el foco del sismo, mientras que la intensidad describe su efecto en la superficie. Con el epicentro del seísmo en Dúrcal, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) determinó que la intensidad máxima alcanzó un nivel V en la escala EMS-98, que implica que las personas sienten el temblor y se mueven algunos objetos, pero sin daños graves. A pesar de estar sobre el epicentro, la ciudad permaneció notablemente intacta gracias a la profundidad del hipocentro, situado a 657 kilómetros bajo tierra, en un estrato donde la energía liberada tiene dificultad para propagarse con la suficiente fuerza para causar estragos cerca de la superficie.

El hipocentro, el punto exacto donde se inicia la ruptura en el interior de la Tierra, actúa como el germen de la energía liberada en un terremoto. En el caso de Dúrcal, su hipocentro se hallaba a una profundidad inusualmente profunda. Mientras que la mayoría de los terremotos se originan en la corteza superior de la Tierra, Dúrcal marcó un hito al producirse en un estrato situado cerca del límite inferior de la corteza, que se extiende hasta aproximadamente 700 kilómetros dentro del planeta. Esta peculiaridad geológica reabre la disyuntiva de cómo un evento sísmico de tal magnitud en realidad no arrasó la superficialidad cercana, dejando la pregunta abierta sobre las condiciones que permitieron una ruptura tan profunda y qué significa realmente para nuestra comprensión de la actividad sísmica.

Las ondas sísmicas, originadas a esa profundidad, enfrentan un viaje considerable antes de ser percibidas en la superficie. En un terremoto menos profundo, las poblaciones están mucho más cercanas al foco, lo que aumenta la posibilidad de experimentar un impacto devastador. Sin embargo, Dúrcal es un claro ejemplo de cómo la geología puede jugar un papel crucial en la mitigación del daño. El sonido de un altavoz potente se percibe de manera diferente a distintas distancias; lo mismo ocurre con las ondas sísmicas. La señal del terremoto de 1954 tuvo que recorrer cientos de kilómetros, debilitándose en su trayecto, antes de que sus efectos se hicieran evidentes en Dúrcal. Así, mientras la magnitud habla de la energía liberada, el contexto geológico da cuenta de cómo y por qué esa energía no resultó en una catástrofe.

Mientras que la magnitud se considera un dato primordial en la evaluación de terremotos, la historia de Dúrcal ilustra que no es el único factor decisivo. Con el tiempo, se ha visto que la profundidad, el tipo de terreno, la calidad de las construcciones y la preparación ante desastres juegan roles significativos en determinar las consecuencias de un sismo. Comparativa con otros eventos sísmicos, como el desafortunado sismo en Venezuela en 2026, demuestra que magnitudes inferiores pueden provocar efectos catastróficos si se dan en un entorno más susceptible. La experiencia de Dúrcal del 29 de marzo invita a revisar nuestras percepciones sobre los desastres naturales y a considerar la suma de factores que, conjuntamente, modelan el impacto de los terremotos en las comunidades.