El proyecto Beyond EPICA – Oldest Ice ha culminado su ambicioso descenso en Little Dome C, uno de los rincones más inhóspitos de la Antártida oriental. Tras años de meticuloso trabajo de perforación, el equipo alcanzó la impresionante profundidad de 2.799,85 metros, logrando finalmente llegar a la roca madre. Este hallazgo, documentado en un preprint en Research Square liderado por Johanna Westhoff y su equipo, ofrece la primera descripción detallada de esta zona crítica donde el hielo contacta con el continente, un aspecto crucial para entender la evolución climática de nuestro planeta. Sin embargo, lo que se encontró en los últimos 316 metros fue sorprendente, ya que el hielo comenzó a comportarse de formas que los científicos no habían anticipado.
Los núcleos de hielo son considerados verdaderos archivos climáticos, donde se registra la historia de la Tierra en capas que, al igual que las páginas de un libro o los anillos de un árbol, ofrecen pistas sobre los cambios atmosféricos a lo largo de los milenios. El objetivo principal del proyecto se centra en recuperar un registro climático continuo de hasta 1,2 millones de años. No obstante, a medida que se perfora hacia la roca madre, se incrementa la presión y la temperatura, lo que provoca que las capas se deformen y se vuelvan irreconocibles, dificultando la lectura del clima pasado. El equipo ha documentado con precisión este fenómeno, subrayando el momento en que el ‘libro’ de hielo se torna ilegible.
Durante los primeros dos kilómetros y medio de perforación, el núcleo de hielo extraído mostró un orden térmico y químico asombroso, reflejando los cambios climáticos de la Tierra con claridad. Sin embargo, al llegar a los 2.506 metros de profundidad, la estructura del hielo comenzó a alterarse radicalmente. Aquí, las capas que habían estado bien definidas empezaron a desaparecer, dejándolo en un estado completamente deformado. Este tramo de 77 metros representa la frontera del hielo estratificado y el hielo deformado, y en este punto, cualquier intento de reconstruir el clima pasado se vuelve prácticamente imposible debido a los efectos de la presión del flujo del glaciar.
En los últimos tramos del descenso, específicamente entre 2.583 y 2.795 metros, se descubrieron características intrigantes. Esta ‘zona enigmática’ se caracteriza por un crecimiento excepcionalmente grande de los cristales de hielo, alcanzando tamaños superiores a los 10 centímetros de diámetro. Las fluctuaciones en la conductividad eléctrica del núcleo, inesperadas y erráticas, han desconcertado a los científicos, quienes aún no comprenden su origen. En un contraste notable, a solo 2.633 metros, se produjo una anomalía donde el hielo volvió a comportarse como en las capas superiores, lo que llevó a los investigadores a formular nuevas preguntas sobre la dinámica del hielo en esta región.
Finalmente, la perforación de estos 2,8 kilómetros de hielo culminó en el contacto con el lecho rocoso antártico, recolectando sedimentos y grava que han estado sepultados durante milenios. Estos materiales subglaciares ofrecen una oportunidad única para investigar el suelo antártico y su historia geológica. Aunque el preprint presentado por el consorcio no ofrece un registro climático detallado de los últimos 316 metros, es un paso crucial para entender cómo se comporta la capa de hielo de la Antártida frente al cambio climático. La investigación anticipa que comprender la deformación del hielo basal no solo es esencial para predecir el comportamiento de la capa de hielo, sino que también es clave para las proyecciones del nivel del mar en el futuro.

