Con un aumento del gasto en defensa en Europa del 14% en 2025 y un fondo de 1.500 millones de euros en subvenciones para apoyar la industria de la defensa a través del EDIP, la situación actual da cuenta de una transformación sin precedentes en el sector. Este momento histórico, marcado por la creciente inestabilidad geopolítica, sobre todo tras los conflictos en Ucrania e Irán, coloca a la defensa en el centro de la agenda económica y, cada vez más, en un pilar fundamental para la autonomía estratégica de la Unión Europea. Como se resaltó en el encuentro inaugural de la ‘Agenda Defensa’, organizado por El Confidencial y KPMG, el reto no radica en la obtención de recursos, sino en cómo convertir esta inyección financiera en capacidades industriales duraderas e innovaciones que respondan eficazmente a las amenazas emergentes.
Durante el evento, los expertos acordaron que Europa ha superado el dilema inicial sobre la voluntad política para incrementar el gasto en defensa. La nueva pregunta es cómo hacer que esta inversión impulse realmente el tejido industrial europeo y se traduzca en innovación sostenida. Raúl Blanco, de SAPA, enfatizó la necesidad de acelerar la ejecución de programas y proyectos de defensa para adaptarse a un ritmo exigente que la situación actual demanda. Cristina Abad de Navantia subrayó que es imperativo contar con una hoja de ruta clara que guíe la inversión en instalaciones y tecnología, ya que este tipo de infraestructura no se desarrolla de la noche a la mañana y requiere una planificación detallada.
La velocidad y la capacidad de adaptación se mencionaron como factores críticos en la discusión. Guillermo Roselló, de Thales, discutió sobre la tensión que existe entre la rapidez con la que evolucionan las amenazas y la lentitud de los procesos actuales relacionados con la defensa. Su argumento refleja una preocupación generalizada de que Europa, a pesar de los recursos incrementales, sigue operando con una estructura diseñada para un contexto diferente, lo que la deja en una desventaja frente a naciones como Estados Unidos y China, que cuentan con industrias de defensa escalables y con vastos recursos.
En el ámbito tecnológico, los ponentes discutieron cómo la soberanía europea en defensa está íntimamente ligada al dominio de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y la ciberseguridad. Ignacio Martínez de IndraMind advirtió sobre el retraso de Europa en comparación con potencias como Estados Unidos y la incertidumbre sobre la independencia tecnológica que genera esta dependencia externa. Sin embargo, los expertos fueron optimistas al señalar que la misma revolución tecnológica puede ofrecer a Europa la oportunidad de cerrar la brecha rápidamente, si se coordina adecuadamente con actores del sector privado e industrias emergentes.
Finalmente, la disputa por el talento se elevó como una de las principales preocupaciones del sector. A medida que la demanda de expertos en STEM crece, también lo hace la necesidad de un cambio en la educación y la formación profesional. Guillermo Roselló enfatizó que no solo se trata de atraer más talento, sino de entender qué habilidades requerirá la industria en los próximos años. La competencia por ingenieros y especialistas se ha intensificado, y el fortalecimiento de la industria de defensa podría ser la clave para incentivar a las nuevas generaciones a involucrarse en un sector que, hasta hace poco, era visto como conservador, pero que ahora se reconoce como vital para la innovación y la seguridad en un contexto mundial cambiante.
