Un equipo internacional de científicos ha hecho un hallazgo revolucionario sobre el león de las cavernas (Panthera spelaea), confirmando que no se trata de una simple variante del león africano (Panthera leo), sino de una especie distinta con una historia evolutiva que se remonta a más de 1,7 millones de años. Este descubrimiento, que implica un profundo análisis de 12 genomas completos recuperados de ejemplares de leones de las cavernas distribuidos por Eurasia y Norteamérica, exige una revisión completa de la biografía de este emblemático depredador del Pleistoceno. Publicada en la revista Cell, la investigación demuestra que estos felinos evolucionaron de manera independiente durante cientos de miles de generaciones, desarrollando mutaciones únicas que favorecieron su adaptación a diversos ecosistemas, sólo encontrándose ocasionalmente con los antepasados de los leones modernos debido a cambios climáticos drásticos.
La protagonista de este estudio fue una cachorra llamada Sparta, hallada en Siberia y conservada en permafrost durante aproximadamente 32.000 años. Su excepcional estado de conservación permitió a los investigadores secuenciar un material genético que abarca más de un siglo de historia, con muestras que van desde Austria hasta Yukón. Los análisis de los genomas revelaron que los linajes evolutivos de los leones de las cavernas y los leones africanos son completamente distintos, con una divergencia datada en 1,7 millones de años, significativamente más antigua de lo que se pensaba originalmente. Es así que se establece que el león de las cavernas no es simplemente una subespecie sino una entidad biológica con características físicas y genéticas que lo diferenciaban, como su tamaño superior y la ausencia de melena en los machos.
A pesar de su larga evolución separada, ambos linajes de leones tuvieron ocasionales contactos durante el Pleistoceno. Los análisis de ADN indican que hubo periodos de hibridación cuando las condiciones climáticas favorecían el acercamiento de los ecosistemas. Los científicos hallaron que el aumento de las extensiones de hielo facilitaba los cruces entre los leones de las cavernas y las poblaciones de leones modernos, concretamente aquellos que habitaron en Mesopotamia, y que se extinguieron en el siglo XX. Este hallazgo ilustra cómo los cambios ambientales actúan como un puente biológico, creando ventanas temporales en las que dos especies, por lo general separadas, podían interactuar y cruzarse genéticamente.
Uno de los descubrimientos más sorprendentes del estudio es la red de conexiones genéticas existentes entre las diversas poblaciones de leones de las cavernas diseminados por Eurasia. Se ha observado que individuos de regiones tan distantes como Siberia y Europa compartían ancestros recientes, sugiriendo una increíble homogeneización genética que muestra que sus poblaciones estaban interconectadas a través de vastas distancias geográficas. Sin embargo, los datos recopilados presentan diferencias curiosas en los genomas de los leones de las cavernas hallados en Norteamérica, lo que podría apuntar a la existencia de un linaje perdido o incluso a cruzamientos con el extinto león americano (Panthera atrox), abriendo un abanico de posibilidades sobre las complejas historias genéticas de estos depredadores.
La causa detrás de la extinción del león de las cavernas hace unos 13.000 años sigue siendo un enigma. No hay indicios de un colapso genético que sugiera que su extinción se debió a la endogamia o falta de diversidad. Los científicos consideran que el derrumbe de cadenas alimenticias a consecuencia del calentamiento global tras la última glaciación podría haber sido el factor decisivo que llevó a la desaparición de este superdepredador. Este estudio refuerza la preocupación acerca de la actual situación del león africano, que vive una crisis de diversidad genética más severa que la mostrada por los leones de las cavernas justo antes de su extinción. Hoy, gracias a los avances en el análisis genético, se revela que el león de las cavernas no era sólo un gran felino; representaba el último vestigio de una compleja historia evolutiva que comenzó con nuestros ancestros, quienes, en ese tiempo, apenas exploraban el mundo fuera de África.

