El urogallo, una de las aves más emblemáticas de los bosques españoles, enfrenta actualmente un grave riesgo de extinción. Sus poblaciones han ido en declive en las últimas décadas, y en 2018 fue catalogado en peligro crítico en España. Esta situación alarmó a las autoridades y grupos de conservación, quienes rápidamente pusieron en marcha un plan de acción coordinado por el Ministerio para la Transición Ecológica. A partir de este momento, se han tomado medidas significativas, como la cría en cautividad y la recuperación de su hábitat, que a través de esfuerzos conjuntos están comenzando a mostrar resultados positivos. La esperanza de hacer frente a este peligro es palpable, especialmente si se considera el éxito que ha tenido la recuperación del lince ibérico, aunque el desafío es mayor debido a las dinámicas de depredador y presa que presenta el urogallo.
El análisis genético realizado por los científicos ha revelado que las poblaciones de urogallo cantábrico y pirenaico pertenecen a la misma unidad evolutiva, lo que permite estrategias de conservación más integradas. Según los últimos datos, la población de urogallo cantábrico ha aumentado un 8% desde 2019, alcanzando los 209 ejemplares en 2024. Esta mejora se ha concentrado principalmente en León y Asturias. Sin embargo, el panorama para el urogallo pirenaico es diferente, ya que las cifras continúan decreciendo, particularmente en Cataluña. La posibilidad de combinar ambas subespecies en programas de cría podría ser clave para mejorar la diversidad genética y robustecer las poblaciones de urogallo a largo plazo.
El éxito del centro de cría de urogallos en Valsemana, León, es notable. Con una tasa de supervivencia de más del 70% de los pollos nacidos en cautividad, este programa ha logrado establecer un stock reproductor que ha superado las expectativas iniciales. La aplicación de técnicas de incubación artificial y de inseminación ha dado resultados positivos, generando 76 pollos en un año. Los esfuerzos de liberación que se están llevando a cabo incluyen el uso de voladeros para preparar a los jóvenes urogallos antes de su reintroducción en la naturaleza. Esta estrategia busca facilitar su adaptación y reducir la mortalidad, que se ha visto exacerbada por la depredación.
Sin embargo, la lucha no está ganada. A pesar de que una hembra liberada ha logrado integrarse en un área de reproducción con ejemplares silvestres, la tasa de supervivencia de los urogallos liberados sigue siendo alarmantemente baja. En este contexto, el control de los depredadores, especialmente de los zorros, se ha convertido en una prioridad. La implementación de programas de adiestramiento para que los urogallos pasen menos tiempo en el suelo y se mantengan ‘perchados’ en ramas podría ser la clave para elevar las tasas de supervivencia de esta especie vulnerable.
Es esencial mantener una perspectiva realista y reconocer que la recuperación del urogallo no dependerá solamente de los esfuerzos en cautividad. La restauración de su hábitat natural y la mitigación de las amenazas externas, como los incendios forestales, juegan un papel crucial en la conservación de esta especie. La reciente evaluación de las áreas afectadas por incendios ha revelado que, a pesar del daño, algunas de las zonas de cría permanecen intactas. Al unir fuerzas en la preservación de los ecosistemas y combinar la cría en cautividad con acciones sobre el terreno, se vuelven posibles nuevos enfoques que podrían definir el futuro de la conservación del urogallo en España.

