Mediación con Ganaderos: Clave para Proteger al Lobo y su Futuro

En una reciente entrevista con EFEverde, Ernesto Díaz, cofundador del Fondo para la Protección del Lobo, enfatizó que la clave para asegurar la supervivencia del lobo ibérico radica en la empatía hacia los ganaderos que sufren pérdidas a causa de estos animales. Díaz advirtió que, aunque existan leyes que protejan al lobo, su futuro no está garantizado si no se toman medidas efectivas para mediar entre las necesidades de los ganaderos y la preservación de la especie. La protección legal no basta si la percepción social del lobo sigue estando marcada por el conflicto y la caza furtiva. Sin un enfoque en la mediación, el conflicto persisterá, y los lobo seguirán siendo objeto de persecución, lo que pone en riesgo su existencia en la península ibérica.

Díaz explicó que el impacto emocional, económico y burocrático que sufren los ganaderos al perder animales a causa de lobos es considerable. La conexión emocional que una persona puede sentir hacia un animal de su ganadería es profunda; el hecho de recibir una indemnización no remedia el dolor de la pérdida. Como él mismo ilustró, el dolor que siente por su perro es inestimable, y recibir dinero no lo hará sentir mejor si un lobo le quita la vida a su mascota. Así, se vuelve crucial abordar este quebranto desde una perspectiva que reconozca y valide las experiencias y sentimientos de quienes viven en estas áreas.

Se reconoció la importancia de establecer procesos de mediación en lugares como Cataluña, donde se ha creado la Mesa del Lobo, un espacio donde varios sectores pueden dialogar sobre la convivencia con esta especie. A través de iniciativas de coexistencia como las jornadas organizadas en Castilla y León, se busca establecer un modelo positivo de interacción entre ganadería y conservacionismo. Proteger al lobo es fundamental, pero proteger también la dinámica de convivencia con el ser humano es igualmente esencial. Si se ignoran las preocupaciones de las comunidades locales, el fracaso en este objetivo será inevitable.

Díaz también advirtió que el sector ganadero atraviesa por dificultades estructurales, como los bajos precios y el aumento del costo de los suministros. Esto provoca que, en medio de una situación tan compleja, el lobo se convierta en un chivo expiatorio. Mientras otros problemas persistentes quedan invisibilizados, el lobo es percibido y atacado como la causa de sus males. Los gobiernos autónomos tienen responsabilidad en esta situación, sugiriendo soluciones simplistas como la caza de lobos, en lugar de fomentar una conversación más profunda que aborde las raíces del conflicto y promueva acciones que beneficien a ambas partes.

Finalmente, Díaz hizo un llamado a la acción, instando a los actores involucrados a colaborar en busca de soluciones mediadas que permitan la coexistencia de lobos y ganado. La administración pública debe actuar de manera responsable, y si las comunidades autónomas no logran hacerlo, se espera que el Ministerio para la Transición Ecológica tome la iniciativa. La convivencia es posible, y la confrontación debe dar paso a un diálogo que considere tanto la protección del lobo como las necesidades de los ganaderos. La lucha por sobrevivir entre estas dos realidades no debería traducirse en la muerte de una especie, sino en el desarrollo de un acuerdo que respete la vida animal y, al mismo tiempo, proteja los intereses de quienes trabajan en el campo.