La sobrepoblación de fauna salvaje, especialmente de jabalíes y conejos, se ha convertido en un desafío crítico para la economía agraria en España. Cada año, estos animales arrasan miles de hectáreas de cosechas, generando pérdidas que ascienden a un millón y medio de euros. La situación se agrava con la irrupción de enfermedades como la peste porcina africana, detectada recientemente entre los jabalíes en la provincia de Barcelona. Además, esta superpoblación también presenta riesgos para la seguridad vial, ya que los accidentes de tráfico ocasionados por la fauna salvaje se incrementan, afectando tanto a los agricultores como a los conductores en las carreteras rurales.
Un informe de la Fundación Artemisan revela que, en 2024, se declararon siniestros agrícolas en una superficie de 26.617 hectáreas debido a ataques de fauna, estimando las pérdidas económicas en 1,8 millones de euros. Los cultivos herbáceos, especialmente los cereales de invierno y las leguminosas, son los más afectados. Este problema no es nuevo en el ámbito agrario, ya que las alertas sobre ataques de fauna se han documentado en varios meses del año, destacando la concentración de siniestros en las dos Castillas y otras regiones del sur peninsular.
Desde la organización agraria Asaja, su presidente en Cataluña, Pere Roqué, subraya la necesidad de abordar la superpoblación de jabalíes mediante la caza como medida preventiva. Según datos de Artemisan, la población de jabalíes ha aumentado un 550% en los últimos 30 años, alcanzando casi dos millones de ejemplares en Cataluña. Con una creciente presión sobre la sanidad animal y un aumento de los accidentes de tráfico, Roqué argumenta que sin medidas efectivas, el problema no hará más que agravarse.
Por otro lado, Javier Fatás, responsable de Fauna Silvestre en COAG, apunta a la descontrolada proliferación de especies silvestres como una de las causas de las pérdidas significativas en el sector agrícola. La organización ha propuesto un plan nacional para el control de fauna salvaje, argumentando que solo así se puede lograr una convivencia sostenible entre la agricultura, la ganadería y la fauna silvestre. Fatás sostiene que el impacto de los conejos es particularmente grave, afectando a más de un millón de hectáreas, lo que resalta la necesidad urgente de intervención.
Asimismo, desde UPA se considera que este fenómeno de proliferación desequilibrada de fauna salvaje representa un problema cada vez más apremiante para la agricultura y ganadería del país. La organización exige más que una simple póliza de seguros, planteando la importancia de reforzar la gestión de la fauna para mitigar los daños a largo plazo. Por su parte, Anastasio Yébenes de Unión de Uniones critica a las administraciones por no controlar adecuadamente la situación, subrayando que la combinación de programas de reintroducción de especies ha exacerbado el problema, ya que, por ejemplo, la introducción de linces y águilas ha logrado aumentar la población de conejos en los campos.

