La industria de las comunicaciones siempre busca formas innovadoras de proteger la información sensible. Mientras que tradicionalmente la seguridad se basa en códigos y cifrados complejos, un nuevo enfoque está empezando a ganar terreno. Este enfoque no se centra en ocultar el contenido de un mensaje, sino en hacerlo pasar desapercibido completamente. Esto significa que no solo se protege la información, sino que se evita que cualquier observador detecte siquiera que se está llevando a cabo una comunicación. Un reciente artículo científico publicado en la revista Light: Science & Applications propone una estrategia basada en la comunicación óptica utilizando radiación térmica, un recurso que, aunque omnipresente, ha sido poco explorado para este propósito.
Tradicionalmente, incluso las comunicaciones más sofisticadas dejan algún tipo de rastro detectable, ya sea un aumento en la luminosidad o un patrón inusual. Sin embargo, el artículo subraya que las comunicaciones encubiertas, donde el acto mismo de comunicar se oculta de modo que permanezca indetectable, alcanzan el nivel más alto de seguridad. Este concepto implica que, si un sistema de comunicación funciona correctamente, no debería haber ninguna señal externa que sugiera la transmisión de información. Hasta ahora, las aplicaciones anteriores de radiación térmica se limitaban a modificaciones lentas en la temperatura de los objetos, lo que restringía la velocidad de transmisión y hacía que el sistema no fuera aplicable a situaciones reales.
El estudio introduce un fenómeno innovador conocido como luminescencia negativa, que permite que un material emita menos radiación de lo que haría normalmente. Esta capacidad de emitir menos luz implica que un dispositivo puede alternar entre estados de emisión altos y bajos, creando así un sistema de codificación de información basado en cambios en el brillo. Al ajustar la emisión de manera que se equilibre con el fondo térmico, los investigadores logran que la señal sea casi indistinguible para receptores convencionales. De esta forma, la información se transmite sin atraer atención, corriendo el riesgo de ser detectada por otros.
El sistema experimental desarrollado utiliza diodos que operan en el infrarrojo y son capaces de alternar entre estados de emisión positiva y negativa. Cada condición representa un bit de información, donde un estado brillante indica un ‘1’ y uno tenue representa un ‘0’. Esta estrategia permite que las señales sean captadas por receptores que posean la sensibilidad necesaria, pero resulta indetectable para aquellos con menores capacidades. Las pruebas realizadas han mostrado velocidades de transmisión de hasta 100 kilobits por segundo, lo que marca un avance significativo respecto a esfuerzos anteriores que apenas lograban cifras de unos pocos cientos de bits por segundo.
Este nuevo paradigma no se trata solo de un avance técnico en la comunicación; marca un cambio esencial en la concepción de la seguridad de la información. En vez de esconder el contenido dentro de una señal visible, se oculta la propia existencia de la señal. Este enfoque podría revolucionar sectores donde la discreción es crucial, como el ámbito militar, financiero o de la salud. La propuesta del estudio, aunque todavía en fase experimental, sugiere que el calor que todos los objetos emiten puede convertirse en un sofisticado canal de comunicación que permite enviar mensajes sin dejar rastro aparente. A medida que se desarrollen nuevas tecnologías y materiales, como el grafeno, es posible que las velocidades y la eficiencia de este tipo de comunicación se expanda aún más.

