Calidad del aire con perros: ¿Qué revela un nuevo estudio?

Un recente estudio de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) ha revelado que la presencia de perros en los interiores de los hogares tiene un impacto significativo en la calidad del aire. Esto se debe a que los animales domésticos, específicamente los perros, contribuyen a la presencia de contaminantes y microorganismos en el ambiente. Las actividades cotidianas de los perros, como sacudirse, rascarse o ser acariciados, liberan partículas que incluyen polvo, polen y microbios. Este hallazgo resalta la importancia de considerar el papel de las mascotas en la calidad del aire interior, un aspecto que a menudo ha sido pasado por alto en investigaciones anteriores.

El análisis de la diversidad microbiana en el ambiente de viviendas con perros muestra que estos animales emiten entre dos y cuatro veces más microorganismos que los humanos al desplazarse. Dusan Licina, profesor del laboratorio de EPFL, indicó que esta diversidad microbiana puede ser beneficiosa, especialmente para los niños, ya que la exposición a diversos microbios podría estimular el desarrollo del sistema inmunológico. Sin embargo, Licina también advierte que los efectos exactos de esta exposición sobre la salud no están completamente comprendidos y pueden variar según la persona.

Otro hallazgo del estudio indica que los perros generan un 40% menos de compuestos derivados del ozono en comparación con los humanos. Esto se debe a que, al entrar en contacto con la piel de los perros, el ozono reacciona con grasas como el esqualeno, creando nuevos compuestos que pueden complicar la calidad del aire. Aunque los perros no producen esqualeno de forma natural, los residuos de esta grasa quedan en su piel tras ser acariciados, influyendo así en la química del aire que se respira en los interiores donde habitan.

Además de la producción de compuestos químicos, los investigadores encontraron que los perros generan cantidades similares de dióxido de carbono (CO2) y gas amoniaco en comparación con sus dueños. A pesar de que la proporción que ellos liberan de amoniaco frente al CO2 es mayor, el estilo de vida más sedentario de estos animales, al pasar grandes periodos durmiendo, influye en un patrón de respiración que es más lento e irregular. Un perro de gran tamaño, como un mastín, puede producir tanto CO2 como un adulto humano en reposo, lo que subraya la relevancia de los perros en el análisis de la calidad del aire.

El estudio se llevó a cabo en un entorno controlado en Friburgo, Suiza, donde se observaron tres perros grandes y cuatro pequeños, para medir los efectos en la calidad del aire. Este enfoque permitió a los científicos aislar otros factores y centrarse exclusivamente en el impacto de los perros en la atmósfera interior. Este tipo de investigaciones no solo contribuyen a comprender mejor el papel de las mascotas en los hogares, sino que también abren la puerta a futuras exploraciones sobre la relación entre la biodiversidad microbiana y la salud humana.