Salmón Atlántico: ¿La última llamada para su conservación en España?

La situación del salmón atlántico en España es alarmante, ya que el país corre el riesgo de perder a estas «joyas genéticas», una especie que ha visto declinar sus poblaciones en un 70% desde los años 70/80. Mauricio Gordillo, representante en España del Fondo del Salmón del Atlántico Norte (NASF), advirtió que, a pesar de su relevancia ecológica y genética, el salmón no cuenta con protección oficial en España, a diferencia de Portugal, donde ya se encuentra en estado crítico. Esta falta de acción en la conservación del salmón podría llevar a la extinción de poblaciones que una vez fueron abundantes en ríos como los de Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y Navarra.

Desde su fundación en 1989, NASF ha logrado notables avances en la protección del salmón atlántico. Inicialmente centrados en la compra de cuotas pesqueras en Groenlandia e Islas Feroe para evitar una pesca indiscriminada, han conseguido regular la actividad pesquera en estas áreas, permitiendo solo cantidades controladas en Groenlandia y prohibiendo la pesca en las Islas Feroe hasta 2030. Sin embargo, el enfoque actual de la organización se ha desplazado hacia la lucha contra la cría de salmón en granjas marinas, que representa una grave amenaza para las poblaciones salvajes, y la promoción de la pesca sin muerte, que todavía es un concepto difícil de implantar en la mentalidad de muchos pescadores.

El cambio climático se presenta como una de las más grandes amenazas al salmón. Según Gordillo, el calentamiento global obliga a los salmones a buscar aguas más frías, a las que no pueden acceder debido a barreras fluviales que limitan su movilidad. La reciente eliminación de una presa en Navarra ha permitido que los salmones se exploren nuevas zonas que antes les eran inaccesibles, lo que muestra el impacto positivo que pueden tener las intervenciones adecuadas en el hábitat de esta especie. Este tipo de iniciativas deben multiplicarse para garantizar la supervivencia del salmón en un contexto climático adverso.

La falta de concienciación sobre la fragilidad del salmón atlántico en España es preocupante. A diferencia de otras especies que generan un mayor interés, como el oso urogallo, el salmón no capta la atención del público ni de los pescadores. La única autonomía que ha tomado medidas significativas es Navarra, que ha restringido su pesca en las últimas dos temporadas. La dificultad para involucrar a las comunidades en la discusión sobre la preservación del salmón contrasta con la colaboración que se observa en otros países, como el Reino Unido, donde las administraciones y pescadores trabajan de la mano para proteger sus fauna.

Las cifras son alarmantes; en los años 80 se pescaban alrededor de 6,000 salmones en los ríos de la cornisa cantábrica, mientras que en la última temporada apenas se alcanzaron los 200 ejemplares. Esta tendencia es insostenible y, de no tomar acción pronto, el futuro del salmón atlántico en España es incierto. Además, la mayoría del salmón consumido proviene de granjas que operan en condiciones inadecuadas, lo que afecta tanto a la salud del salmón salvaje como a la salud humana. Es fundamental que las políticas de acuicultura evolucionen hacia modelos que eviten el contacto con especies salvajes y remedien la situación ambiental que enfrenta esta valiosa especie.