La sequía y las lluvias torrenciales se han convertido en las principales amenazas para la avifauna de la cuenca mediterránea, según un estudio internacional dirigido por la Universidad Carolina de Praga y la Academia Checa de Ciencias. Esta investigación, publicada recientemente en la revista Oikos, ha contado con la colaboración de importantes entidades españolas, entre ellas el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF). Los hallazgos revelan que las condiciones climáticas extremas están perjudicando gravemente a las aves de la región, subrayando la urgente necesidad de abordar el cambio climático desde diferentes frentes.
El análisis de las tendencias poblacionales de aves en Europa durante dos décadas (2002-2022) ha permitido a los científicos establecer un vínculo directo entre la escasez de agua en el sur de Europa y el descenso de las poblaciones aviares. «Hemos demostrado que tanto la sequía como las precipitaciones extremas son factores cruciales que afectan la supervivencia de las aves en el Mediterráneo», indicó Sergi Herrando, investigador de CREAF y coautor del estudio. Este descubrimiento es un claro llamado a la acción sobre la gestión del agua y la protección del hábitat natural.
El impacto de la sequía se traduce en una disminución de la disponibilidad de alimentos para las aves, ya que la escasez de agua provoca una mayor mortalidad de insectos y un crecimiento deficiente de plantas, lo que afecta la producción de frutos y semillas. De este modo, los polluelos se enfrentan a una reducción de sus probabilidades de supervivencia debido a la falta de alimento adecuado. Adicionalmente, la proliferación de la gripe aviar ha puesto en peligro a especies como las grullas, con una mortalidad alarmante en la población reportada en España, que se estima en alrededor de 1000 aves.
Las lluvias torrenciales, por su parte, presentan otra serie de desafíos para las aves del Mediterráneo. Estos episodios extremos pueden dañar nidos, resultar en la pérdida de huevos y provocar el enfriamiento de los polluelos, incluso poniendo en riesgo a los adultos. La disminución de las poblaciones de aves en la región amenaza también funciones ecológicas vitales, como la dispersión de semillas y el control de plagas insectívoras. Por lo tanto, los investigadores han propuesto soluciones prácticas, como la restauración de pequeños puntos de agua que faciliten el acceso a las aves en tiempos de sequía.
Finalmente, el informe también señala que el aumento de las temperaturas no afecta a todas las especies por igual; mientras que favorece a las aves residentes del norte de Europa, los migradores de larga distancia sufren las consecuencias de un desajuste en los ciclos biológicos de plantas e insectos. Cuando estos migrantes llegan en primavera, en muchas ocasiones, ya no hay suficientes recursos alimenticios disponibles. Estos hallazgos deben ser considerados en la formulación de políticas ambientales que aborden la conservación de la fauna aviar en el contexto del cambio climático, enfatizando la necesidad de una estrategia integral para fomentar la resiliencia del ecosistema.

