Un hito en la biología ha sido alcanzado gracias a un equipo de investigadores de la Universidad de Kioto, que han descifrado el árbol genealógico de las células sanguíneas. Durante muchísimos años, conocíamos importantes detalles sobre la funcionalidad de los glóbulos rojos, las plaquetas y los linfocitos T, pero la historia completa de estas vitales células había permanecido en la penumbra. Este estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, revela que las primeras versiones de estas células se originaron hace unos 700 millones de años, durante la época en que los primeros animales multicelulares emergieron en los océanos. Este hallazgo promete cambiar nuestra comprensión acerca de cómo el sistema inmunológico ha evolucionado desde entonces hasta convertirse en lo que conocemos hoy.
La investigación se centró en la necesidad de utilizar métodos novedosos para seguir el rastro del origen y evolución de los tipos celulares. El grupo liderado por Hiroshi Kawamoto desarrolló una nueva técnica para comparar los perfiles de expresión genética de diferentes linajes celulares a lo largo de las especies, incluyendo organismos unicelulares. El análisis reveló que los macrófagos, células clave en el sistema inmunológico, presentan un notable parecido con esos antiguos unicelulares que dieron origen a la vida multicelular. A través del estudio de un gen específico, el equipo logró datar hasta un ancestro unicelular hace 700 millones de años, el cual ya poseía las bases del sistema sanguíneo que hoy reconocemos.
Los macrófagos no son simplemente un tipo de célula devoradora de patógenos. Su versatilidad los convierte en los primeros pilares del sistema inmunológico, capaces de desempeñar funciones fundamentales como la regulación de las respuestas inmunitarias y la comunicación celular. La investigación sugiere que la capacidad de reconocer y eliminar amenazas internas fue una de las primeras adaptaciones que la vida multicelular desarrolló, un legado biológico increíblemente antiguo que se ha perfeccionado a lo largo de la evolución. Kawamoto comparte su emoción por estos descubrimientos, resaltando cómo la historia evolutiva de estos linajes celulares está fuertemente conectada con el origen de la vida en la Tierra.
La reconstrucción del árbol genealógico de la sangre desenmaraña las complejidades de la evolución celular. Se identificó que los macrófagos fueron las primeras células sanguíneas, seguidas de las células cebadas y posteriormente la surgían los linfocitos T y los glóbulos rojos. Esta línea temporal desafiante indica que las rutas de diferenciación celular ya estaban delineadas antes de que los animales multicelulares existieran. Esto recopila la idea de que el sistema inmunológico no fue creado ex-novo, sino que fue heredado de nuestros ancestros unicelulares, lo que implica que las defensas biológicas son un legado evolutivo que cada especie ha refinado a lo largo de su historia.
Este nuevo enfoque no solo ilumina el pasado de la biología celular, sino que también abre caminos para futuras investigaciones en la medicina, especialmente en el campo del cáncer. El método afinado por Kawamoto y su equipo podría ofrecer pistas vitales sobre cómo ciertas células se vuelven malignas y por qué algunas formas de cáncer son más resistentes que otras. Sin embargo, es importante subrayar que estos hallazgos aún requieren validación experimental a través de los diversos linajes animales. A medida que se imparten más datos en los grupos menos estudiados, la biología evolutiva de las células sanguíneas seguirá evolucionando, y cada descubrimiento tendrá el potencial de cambiar nuestra percepción de la salud y la enfermedad.

