La digitalización avanza, pero con ella también los desafíos sociales para las personas mayores
En un contexto donde la tecnología define cada vez más nuestras interacciones diarias, las personas mayores enfrentan el reto de adaptarse al entorno digital para no quedar al margen de la vida social. Según la «Radiografía Digital de Personas Mayores 2024», el 92 % de los adultos mayores en Chile considera a Internet como una herramienta clave, pero este proceso de integración ha generado tensiones importantes, especialmente por la presión de aprender a manejar dispositivos y aplicaciones para mantenerse conectados.
La tecnología como herramienta necesaria, pero exigente
El proceso de digitalización de las personas mayores se ha acelerado notablemente, especialmente a raíz de la pandemia. Un 40 % de este grupo tuvo que aprender a manejar un smartphone por primera vez durante este período, lo que evidenció la necesidad urgente de mantenerse en contacto con familiares y amigos en un contexto de distanciamiento social. Hoy, más de la mitad utiliza aplicaciones como WhatsApp de forma regular, y un 59 % la considera su favorita. Las mujeres mayores han destacado en esta adaptación, con un 52 % conectándose diariamente a redes sociales.
Sin embargo, este avance no ha sido sin dificultades. Un 66 % de las personas mayores declara haberse sentido obligada a aprender tecnología para evitar quedar socialmente excluida, una realidad que refleja el impacto del entorno digital en sus relaciones cotidianas. Además, el 63 % lamenta la pérdida de interacciones cara a cara, sustituidas en muchos casos por contactos virtuales.
Viejos estereotipos y riesgos digitales: la otra cara de la inclusión
El avance en habilidades digitales entre los mayores de 60 años contrasta con los estereotipos de torpeza tecnológica que aún persisten en la sociedad. Sin embargo, la expectativa de que este grupo «se ponga al día» y adopte la tecnología sin dificultad expone una forma de viejismo estructural. La cultura digital dominante parece asumir que las personas mayores deben integrarse a toda costa, sin considerar las particularidades de sus necesidades emocionales y sociales.
Además de la presión social, otro aspecto preocupante es la vulnerabilidad digital. Un 36 % de los mayores ha sido víctima de fraude en línea, lo que evidencia la falta de educación adecuada y protección para este segmento en un entorno cada vez más expuesto a riesgos cibernéticos.
Hacia una digitalización inclusiva y justa
La entrega de dispositivos o planes de Internet accesibles no es suficiente para garantizar una verdadera inclusión digital. La formación continua, personalizada y adaptada a las necesidades de las personas mayores es fundamental para que puedan participar plenamente y de forma segura en la esfera digital. Esto es especialmente relevante en territorios rurales, donde las brechas tecnológicas son más evidentes.
El desafío, entonces, no es solo integrar a las personas mayores al mundo digital, sino permitir que lo hagan bajo sus propios términos, con el derecho de moldear su experiencia tecnológica sin ser forzados a sacrificar vínculos emocionales o sentirse desbordados por las demandas del entorno.
Conclusión: la tecnología como puente, no barrera
La inclusión digital debe ser un instrumento de empoderamiento para las personas mayores, no otra forma de exclusión disfrazada. Para lograrlo, es necesario desmantelar el viejismo estructural que permea la cultura tecnológica y adoptar un enfoque más humano y justo hacia la digitalización. Solo así conseguiremos que las personas mayores no se vean como «rezagadas» en un mundo cada vez más digital, sino como actores legítimos capaces de aportar sus perspectivas y necesidades en este entorno.
Es momento de redefinir la relación entre edad y tecnología, permitiendo que las personas mayores encuentren en el entorno digital una herramienta de conexión auténtica y no una obligación que los aleje de su identidad y sus relaciones más significativas.

