En la serene belleza del valle de Los Chillos, a las afueras de Quito, el croar de ranas crea una sinfonía natural que acompaña a los visitantes en su recorrido por Wikiri Sapoparque. Este santuario, impulsado por el Centro de Investigación Jambatu, se posiciona como uno de los refugios más importantes de Ecuador para las especies de anfibios que se encuentran en peligro de extinción. Ecuador es un país reconocido por su extraordinaria diversidad de ranas, albergando 709 especies en total, de las cuales más de 400 están amenazadas. La situación de estos anfibios se complica aún más por las actividades extractivas y el impacto del cambio climático, lo que hace del trabajo del equipo de Jambatu algo esencial. El investigador Mateo Reyes subraya que, aunque desearían que su labor no fuera necesaria, los retos actuales obligan a continuar con los esfuerzos de conservación.
Wikiri Sapoparque no solo se dedica a la conservación, sino también a la educación ambiental, buscando involucrar a la ciudadanía en la protección de las ranas y su hábitat. Andrea Terán, coordinadora de investigación, enfatiza la complejidad del reto que enfrentan en un país descrito como «sapodiverso», siendo el que más especies tiene por unidad de área. Las instalaciones del parque albergan alrededor de 70 especies de ranas, 35 de las cuales están bajo programas de investigación y conservación en laboratorio. Esto permite que algunas de estas especies sean legalmente comercializadas como mascotas, lo cual representa una alternativa viable al tráfico ilegal de anfibios, una actividad que amenaza severamente a estas criaturas debido a la extracción excesiva y a la propagación de enfermedades.
Uno de los logros más destacados del Centro Jambatu ha sido el redescubrimiento de la rana hocicuda de Íntag, una especie que se creía extinta desde 1989. En un viaje de expedición en 2016, se localizó una población en el valle de Íntag, lo que marcó un hito en los esfuerzos de conservación. A pesar de este emocionante descubrimiento, la especie sigue enfrentando riesgos, ya que habita dentro de concesiones mineras. Para mitigar estas amenazas, el Centro Jambatu lanzó un proyecto de reintroducción el año pasado, liberando mil individuos criados en laboratorio. Reyes explica que el éxito de esta iniciativa no solo se mide por la supervivencia de las ranas, sino también por su capacidad de reproducirse en su entorno natural.
La rana arlequín de limón, otra especie crítica, también ha sido foco de atención en los esfuerzos de conservación. Este anfibio, que desapareció hace más de diez años debido a la letalidad del hongo quitridio y la destrucción de su hábitat por la construcción de una carretera, ha pasado por un proceso de recuperación muy similar al de la rana hocicuda. En agosto, después de una larga ausencia, se llevó a cabo un ensayo de reintroducción, marcando un paso significativo en los esfuerzos por recuperar las poblaciones de esta emblemática especie. A través de sus programas de investigación y conservación, Wikiri se ha consolidado como un baluarte en la lucha por la supervivencia de anfibios vulnerables en Ecuador.
El trabajo que se realiza en el Wikiri Sapoparque resalta la necesidad urgente de proteger la biodiversidad en un contexto de creciente amenaza por la actividad humana. La colaboración entre científicos, conservacionistas y la comunidad es vital para garantizar el futuro de estas especies. Además de los retos, se observan avances significativos que inspiran esperanza, como el redescubrimiento y la reintroducción de especies que antes creíamos perdidas. La concienciación y la educación ambiental son piezas clave que el Centro de Investigación Jambatu busca promover entre la ciudadanía, para que todos puedan ser parte de este esfuerzo colectivo por preservar la riqueza natural de Ecuador. Con cada nota del canto de una rana, el mensaje es claro: la biodiversidad necesita nuestra protección ahora más que nunca.

